Breve distancia

Abrigada, en un rincón, recordando la misma ausencia de amor, los mismos consejos, soñando con que tocaran esa canción, ahí, en ese lugar donde todos eran felices. Ese lugar donde su cara, su cuerpo, su pena, no encajaban.
Es como morirse de pena, cantaba.

Coqueto, risueño, dulzón. Con algunas copas y la juventud en el cuerpo. Con un condón en la billetera. Con su mirada fija en un propósito. Paseando sus manos por su espalda, sintiendo el roce de su pelo. Alcanzando sus brazos, la punta de sus dedos. Deteniéndose en ese pequeño espacio entre sus labios. Imaginando que por ahí entraría su lengua, deleitándola con los mejores besos.
I want you, cantaba.

Dudosa, excitada, culpable, en una cama ajena, con el miedo latente. Mirando de reojo la puerta y la majestuosidad de su pene. Disfrutando esas delicias de besos. Envuelta en brazos vigorosos. Sumergida sin querer salir y sintiéndose una animalita.
Soy invadida invasora, cantaba.

Amanece. Entre los sillones se desparraman las cenizas y los cerdos. Sobre la mesa las botellas vacías. Unas camas más allá la culpa, en el baño del fondo un desdichado, y en un rincón oscuro una sonrisa traviesa.
Y me enciendo como una cerilla, y hace tin mi campanilla, canta, contenta.

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