my life without you
desde la profunda entraña mía
desde aquel sueño, aquel deseo y aquella ilusión
te escribo porque ya no estás
te escribo porque fuiste todo lo yo quería
una compañía, un beso y una gran sonrisa
a pesar de esa distancia cruel
y se diluyen los pensamientos y la imaginación
y todo lo que pudo ser no será
y lo que quise hacer y decir
quedará aquí
encapsulado en el olvido
Santiago 2010
Llena mi cuenta de correo con tus mails
Lléname la cara de besos
Desborda mi cuerpo en cariños
Haz de tu sonrisa mi alegría diaria
Vamos al campo y sin misterios disfrutemos nuestra desnudez
Bailemos en un goce infinito de nuestra amistad
Y así de a poco y casi sin darnos cuenta, descubramos eso.
AÑOS
Debería escribir.
Y volar. Y soñar menos.
Y alcanzarlo y lanzarme a su abrazo.
Debería aprender.
Y dejar de escribir.
Y empezar a vivir.
Debería bailar.
Sonreír a su lado, caminar a su encuentro.
No debería dudar, y avanzar.
Actuar y no pensar.
No sirven las palabras.
Nunca más.
O hasta más allá.
Cinco minutos.
Entre mis piernas.
Entre la niebla.
Y un beso pobre.
La carne y un corazón maltrecho.
Una ilusión desechada.
Escribir como se habla
Hoy salieron una serie de columnas sobre el cierre de la Zona de Contacto. No tengo mucho que opinar sobre eso, en realidad ni quiero, sólo quiero rescatar lo que un editor le dijo a uno de los columnistas: “Escribe como hablas”.
Inmediatamente recordé la época donde escribí como hablaba, donde relataba mis inseguridades, opiniones, confesiones, etcétera. Y en esa época del boom de la ventilación personal, se podría decir que fui “famosa”, como muchos otros, y deseé llegar a ser columnista de algo. Sí, algo como la Zona de Contacto.
Pasaron los años, pasó el boom, siguieron las inseguridades, y se creó el tabú. Ahora nadie se ventila, ni siquiera sus historias sexuales. Ahora a nadie le importa lo que escribes, lo que en el fondo, es mejor.
Ahora hay que comunicar cosas, hay que informar y crear consciencia, hay que educar, sensibilizar. Nada más de información superficial sobre el último cantante que adoptó el sonido nuevo y revolucionario del 2015. Nada más de fotografías con mensajes que apuntan directo a que te sientas mal o solitario.
Tal vez ahí está el futuro de los medios durante esta era.
Y se repite
cortémonos la cara
y vámonos de golpe de la fiesta
hay una onda rara
y tomados de las manos, apretadas
tú y yo
como si nunca nos hubiésemos atrevido
y de pronto florecemos
en el otro
se escucha la música a lo lejos
desde el pasto hacia arriba
se ven las estrellas
pero sabes que me aburren!
y reímos e inventamos la historia de las estrellas que bajan y nos hacen cosquillas
como las que sentimos ahora
tu y yo
como si nunca nos hubiésemos tocado
y de pronto nos besamos
e imaginamos todo lo que no hemos vivido
y se reafirma
y me desvelas
y se repite
El mundo de las que no existen
Miraba al reloj. Eran las 01:22 am según la hora oficial.
Y pensaba o imaginaba, ya no sabía cuál era la diferencia entre ambas cosas, que estaba ella en el mundo de las que no existen.
Casi lo olvida, pero logra recordar, que a estas alturas las palabras no sirven de nada.
Breve distancia
Abrigada, en un rincón, recordando la misma ausencia de amor, los mismos consejos, soñando con que tocaran esa canción, ahí, en ese lugar donde todos eran felices. Ese lugar donde su cara, su cuerpo, su pena, no encajaban.
Es como morirse de pena, cantaba.
Coqueto, risueño, dulzón. Con algunas copas y la juventud en el cuerpo. Con un condón en la billetera. Con su mirada fija en un propósito. Paseando sus manos por su espalda, sintiendo el roce de su pelo. Alcanzando sus brazos, la punta de sus dedos. Deteniéndose en ese pequeño espacio entre sus labios. Imaginando que por ahí entraría su lengua, deleitándola con los mejores besos.
I want you, cantaba.
Dudosa, excitada, culpable, en una cama ajena, con el miedo latente. Mirando de reojo la puerta y la majestuosidad de su pene. Disfrutando esas delicias de besos. Envuelta en brazos vigorosos. Sumergida sin querer salir y sintiéndose una animalita.
Soy invadida invasora, cantaba.
Amanece. Entre los sillones se desparraman las cenizas y los cerdos. Sobre la mesa las botellas vacías. Unas camas más allá la culpa, en el baño del fondo un desdichado, y en un rincón oscuro una sonrisa traviesa.
Y me enciendo como una cerilla, y hace tin mi campanilla, canta, contenta.

